Escrito por Lucía Solaun y Lucía Díez
Las relaciones significativas son esenciales para el desarrollo del bienestar psicológico y emocional de una persona. Desde la perspectiva de la Psicoterapia Relacional Integrativa de Richard Erskine, una relación saludable es aquella que brinda apoyo, amor, seguridad, autenticidad, protección, desarrollo, guía y estimulación.
Es fundamental reconocer y comprender las necesidades relacionales de los niños/as para poder satisfacerlas y ofrecerles el vínculo seguro que requieren, especialmente de sus figuras de referencia. Cuando estas necesidades se atienden, experimentan un sentido de valía y pertenencia, sintiéndose queridos e importantes, lo que refuerza su autoestima, confianza y capacidad de establecer relaciones sanas; minimizando el riesgo de desarrollar inseguridades, crítica interna, exigencias, miedos desbordantes, sensación de soledad o tristeza profunda.
Esto es especialmente importante durante la infancia, ya que es ahí donde empieza a desarrollarse nuestra identidad y, en consecuencia, nuestro autoconcepto. A través de la relación y la mirada del otro vamos construyendo nuestra autoimagen: cómo nuestras figuras de apego nos tratan tiene un gran impacto en cómo, más adelante en la adultez, nos hablemos, nos tratemos y nos percibamos a nosotros mismos, a los demás y al mundo en el que vivimos.
Las ocho necesidades relacionales
Aunque este acercamiento es una guía que reconoce la imperfección inherente a las relaciones humanas y no siempre es posible responder de manera óptima, lo fundamental es que estas necesidades sean atendidas de manera consistente y continuada.
1. Necesidad de Seguridad: Los niños/as requieren sentirse a salvo, no solo físicamente, sino también en la expresión auténtica de quiénes son. Implica protección frente a la vulnerabilidad, validación de sus emociones y un ambiente de confianza donde puedan explorar sin miedo a la crítica y a la humillación.
2. Necesidad de Validación: Todos los seres humanos necesitan sentirse valorados y reconocidos. Esto implica que sus emociones, pensamientos y experiencias sean validados y tenidos en cuenta, interesándose por dar sentido a lo que pasa por dentro más allá de la conducta visible.
3. Necesidad de Aceptación y Apoyo de una Persona Estable y Confiable: Contar con alguien que brinde orientación, protección y apoyo es fundamental. Los niños/as buscan figuras consistentes en quienes necesitan confiar para sostenerse. Si esta necesidad no es satisfecha, pueden sentirse inseguros y dependientes de la aprobación externa.
4. Necesidad de Experiencia Compartida: Nuestra experiencia cobra significado cuando encontramos a alguien que nos comprende y comparte nuestras vivencias. Saber que el otro ha vivido algo parecido normaliza lo que nos pasa y evita sentimientos de soledad, vergüenza o inadecuación.
5. Necesidad de Autodefinición: Se trata de experimentar y expresar la propia singularidad y que los padres y madres la reconozcan y aprueben. La validación de su identidad refuerza su autoestima y sentido de autenticidad.
6. Necesidad de Hacer Impacto en los Demás: Los niños/as desean sentirse importantes e influyentes en su entorno. Necesitan saber que sus acciones y emociones generan una respuesta en los demás. No satisfacer esta necesidad puede llevar a sentimientos de invisibilidad, inutilidad y desesperanza.
7. Necesidad de que el Otro Tome la Iniciativa: Sentirse buscado en una relación fortalece el sentido de pertenencia y genera en el hijo/a una percepción de ser lo suficientemente valioso como para querer estar con él.
8. Necesidad de Expresar Amor: Expresar amor a sus padres mediante gestos de cariño y palabras de afecto es una necesidad fundamental. Los niños/as deben sentirse seguros al expresar su amor sin miedo a ser rechazados. Consiste en mostrarse vulnerables y es importante que tengan la confianza y seguridad de que va a ser recogido.
El impacto en la adultez
La forma en que estas necesidades fueron o no satisfechas en la infancia influye profundamente en nuestra manera de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás en la adultez. Por ejemplo, un niño que no recibió reconocimiento por sus esfuerzos académicos puede manifestar en la adultez una autoexigencia constante y la sensación de que «nada es suficiente». Asimismo, si aprendió a reprimir sus emociones para evitar el conflicto, como adulta puede tener dificultades para poner límites y tendencia a priorizar a los demás sobre sus propias necesidades.
Como padres y madres, la influencia en el desarrollo emocional de los hijos/as es profunda y duradera. A menudo, nuestras propias necesidades relacionales no cubiertas en la infancia influyen en la crianza si no son identificadas en la adultez.
En CONTÉ Centro de Psicología, trabajamos para que este efecto que el pasado tiene en la adultez pueda ser tratado en psicoterapia individual, creando un entorno seguro donde explorar el pasado para dar sentido a lo que nos pasa hoy en día, y en terapia familiar, reparando vínculos y fomentando el crecimiento y desarrollo de cada miembro de la familia.